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Noviembre 13 de 2010
Boletín del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, dirigido a sus estudiantes, profesores y amigos

FORREST HYLTON
El gran cambio que se esperaba en las elecciones legislativas en EE.UU. no se dio gracias a la torpeza política del Tea Party, que les costó el Senado a los republicanos. Si no hubiera sido por los candidatos del Tea Party, éstos tendrían control no sólo de la Cámara sino del Senado también. Vale la pena destacar el punto ya que "el viraje a la derecha" tan anunciado y esperado en los medios y en la opinión pública no se dio. Dicho eso, sin embargo, es cierto que el último presidente demócrata que sufrió una derrota tan abrumadora en los midterms en la Cámara Baja fue Franklin D. Roosevelt en 1942, ya que ni a Bill Clinton le fue tan mal cuando los republicanos arrasaron en los midterm en 1994 y anunciaron su "contrato con América", lo que ayudó a definir la política de "triangulación" de Clinton en los años siguientes, en los que Clinton se movió hacia la derecha, poniéndolos en jaque, y de esta manera terminó reelegido en 1996. Obama ya anunció su intención de seguir los pasos de Clinton en ese sentido.

Pero, si las elecciones no representaron el gran cambio anunciado, ¿que sucedió y cómo explicarlo? La clave está en entender el sistema bipartidista estrecho que no deja surgir un tercer partido (¡ni siquiera de derecha!), obligando así a los ciudadanos a votar por los candidatos que no les parecen culpables, o por lo menos no tan culpables, de su desgracia, como los que fueron elegidos en las elecciones previas. Obama llegó a la presidencia gracias a la misma dinámica: debido a la pésima gestión en materia económica de George W. Bush y el Director de la Reserva Federal, Alan Greenspan, que había llevado a EE.UU. a su peor crisis desde los años 30, la economía se convirtió en el tema principal de la campaña. McCain estaba demasiado ligado en la posición de Bush en temas económicos para poder ganarle a Obama. Aunque Obama y los demócratas votaron por otorgarles grandes cantidades de dineros públicos a las empresas quebradas de Wall Street, no fueron vistos como los arquitectos de la política económica de Bush a pesar de que fueron los demócratas que lideraron el proyecto de la abolición del Glass-Stegal Act, en 1999 bajo Clinton, que acabó con las barreras establecidas entre el sector bancario comercial y de inversiones, regulación establecida por FDR en los años 30 para asegurar que no se repitiera la crisis de 1929-1933.

De la misma manera, la gestión económica de Obama fue fatal para los candidatos demócratas en 2010 ya que los votantes lo culparon a él y a su partido por la falta de recuperación económica. Pero hay dos factores adicionales que habría que incluir para matizar la explicación de la derrota de Obama y los demócratas. Primero, no todos los votantes votan y menos en las elecciones midterm. Entonces ¿quienes votaron en 2010? Solo un 42% de los posibles votantes, lo cual es típico en las elecciones midterm. Por una parte, el voto latino, que es mayormente mexicano, por supuesto, impidió que los candidatos abiertamente antiinmigrantes del Tea Party, como Sharon Angle en Nevada y Ken Buck en Colorado, subieran al Senado. Una vez más se demuestra que en muchos casos, ahora como en el futuro, el voto latino es decisivo. Por otra parte, la votación de la base republicana y del Tea Party en general fue masiva si se comprara con la base demócrata fuera de Nevada, Colorado, California y New York, y los dos últimos estados siempre son un caso aparte. Los independientes, las personas mayores de sesenta años y los católicos votaron por los republicanos de manera abrumadora, igual que los jóvenes con menos de 30 años votaron por los demócratas. Pero solo 11 por ciento de los que votaron eran jóvenes mientras que 34 por ciento de los votantes eran mayores de sesenta años.

Segundo, los votantes no son los únicos que influyen en los resultados y menos después de que el Congreso haya abolido la regulación limitando las contribuciones financieras del sector privado en las elecciones. Tal es la influencia del sector privado y los lobby que el politólogo Thomas Ferguson, de la Universidad de Massachusetts, ha escrito un libro ilustrando lo que él llama "the investment theory of Politics", argumentando que para entender cualquier resultado electoral en EE.UU. es necesario mirar el flujo de inversiones hacia los candidatos. El mismo sector financiero que causó la crisis económica bajo Bush y eligió a Obama para resolverla apostó por los republicanos en 2010 y ese sector es de lejos el más influyente en la política doméstica de EE.UU., muy por encima de otros sectores como el petrolero, el armamentístico y el farmacéutico, que también optaron por los republicanos en 2010.

Aunque el futuro político de EE.UU. no está claro en cuanto a los ciclos electorales que vendrán —sería sorprendente si ganara Obama en 2012, por ejemplo, pero nada raro dentro del marco bipartidista—, a candidatos de la derecha racista, como Carl Paladino en Nueva York y de la derecha empresarial, como Meg Whitman, en California, no les fue bien en las elecciones por las gobernaciones, en las que ganaron ampliamente los republicanos y les quitaron diez estados a los demócratas, y tampoco les fue a candidatos como Christine O’Donnell de Delaware, que le dio la victoria a Chris Coons. A manera de conclusión, entonces, la lección de estas elecciones parece ser que las cosas siempre pueden ser peores.

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